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El rol de la economía en el avance del slow-fashion
Por: Tomás Cafferata
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Valuada en 760 mil millones de dólares y presente en los armarios de todo el mundo, la industria de la moda es la segunda actividad global más contaminante. Con el cambio de mentalidad, hay un cambio en el panorama.
Cada año los argentinos gastan 29 mil millones de pesos en el mercado local de moda, según cifras de OEC (The Observatory of Economic Complexity). Aunque la pandemia causó que un 68% de las firmas nacionales registraran fuertes caídas y que el precio de la ropa aumente un 45%, la industria logró una rápida recuperación. En julio de 2021, el INDEC registró una suba interanual del 45% en la producción de la industria, menor solo a la industria automotor. Sin embargo, no se encuentra en el ámbito económico la única cuestión que atraviesa la industria de la moda.


Aunque la industria textil argentina logró recuperarse de los efectos de la pandemia, sigue siendo de los rubros menos competitivos del país. Foto: El Economista
Un reporte de la ONU declara que la industria textil es considerada la segunda actividad más contaminante a nivel global, solo superada por la industria del petróleo. Aunque industrias como la ganadera, la energética y la de transporte suelen ser las más criticadas por su daño al medio ambiente, la de la moda tiene cifras que explican rápidamente su peso ambiental: para la producción de un jean se necesitan hasta 3000 litros de agua; de 150 mil millones de prendas que se fabrican al año, un 30% se vende en liquidación y otro 30% va a la basura al no ser vendida; y arroja 1.200 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año, más que todos los vuelos internacionales y el transporte marítimo combinados. Estos excesos corresponden a las marcas de “fast fashion”, empresas que diseñan sus procesos de producción masiva con el fin de ahorrar billones de dólares, construyendo sus fábricas en países emergentes como India o Bangladesh. En estas fábricas, las marcas utilizan materiales sintéticos como el poliéster, baratos pero extremadamente contaminantes, para producir las prendas. En el proceso, estas prendas pierden fibras minúsculas que atraviesan los filtros de los centros de tratamiento de agua, y terminan en los ríos y mares, donde tienen consecuencias desastrosas para el ecosistema. Cada año se liberan medio millón de toneladas de microfibras al océano, el equivalente a más de 50 mil millones de botellas de plástico.
Sin embargo, en los últimos años se empezó a ver globalmente que el consumidor comienza a valorar el cuidado del medio ambiente en una marca, lo cual está resultando disruptivo en la industria textil. Aunque el modelo fast fashion sigue predominando, de a poco la sustentabilidad comienza a ser un activo importante para las marcas, que deben captar a un consumidor que se ve cada vez más comprometido con el medio ambiente y las decisiones que toma como consumidor. Ante esta tendencia aparece el concepto de moda circular, que se basa en un proceso industrial restaurativo. Como definió Ellen MacArthur, impulsora de la economía circular, se diseña al flujo de nutrientes biológicos para que reingresen a la biosfera de forma segura, y al flujo de nutrientes técnicos, para que circulen en alta calidad sin reingresar a la biosfera. Esta forma más ecológica de pensar la circulación de textiles busca aliviar el daño ambiental de la industria, ¿pero cómo encaja en el contexto económico y social que vivimos en Argentina?


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Imagen: producción propia
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Aunque parte del mercado haya tomado conciencia sobre el problema ambiental que trae el actual modelo industrial, se ha hecho poco para solucionarlo. Las grandes empresas no se preocupan por los efectos que su actividad pueda traer al medio ambiente, y los gobiernos hacen poco para controlar y endurecer la legislación en estos excesos. La industria global de la moda, en 2021, está valuada en 760 mil millones de dólares. Un cambio en el sistema de producción traería pérdidas económicas a las empresas en el corto y mediano plazo, aunque a largo plazo resultara rentable. Hasta que haya una masividad productiva sustentable, producir bajo estas condiciones es más caro y determinados segmentos de la economía no pueden afrontar esa diferencia, explica Luciano Galfione, secretario de la Fundación Pro Tejer. Pero, a medida que crezca la conciencia sobre el daño ambiental de la industria, la presión sobre las empresas y gobiernos no dejará otra opción que un cambio en la industria. Bárbara Bisignano, ingeniera textil, explica que al analizar la inversión en un proyecto de sustentabilidad y la mayor eficiencia productiva, resulta evidente que a una empresa le conviene hacer dicha inversión. Si se priorizara el largo plazo y se invirtiera en modificar el modelo actual por uno circular, las marcas y la industria en general se favorecerían en gran forma. Según el reporte Circular X Fashion Tech elaborado por H&M Foundation, la industria podría tener ganancias de 4.5 mil billones de dólares de lograr una economía circular sustentable para 2030.
Ante este panorama global, Argentina se encuentra en una situación diferente. Aunque haya tenido una rápida recuperación del impacto de la pandemia, la industria textil es una de las menos competitivas del país, debido a su estancamiento tecnológico en el que la maquinaria antigua y en malas condiciones de las fábricas ha quedado atrás de los avances mundiales en nuevas técnicas, incorporación de programación e informática para producción y máquinas más modernas. Las deficiencias en seguridad laboral, capacitación de personal y acceso a financiamiento también hacen a la poca competitividad de la industria. Según un ránking de 22 sectores manufactureros elaborado por la consultora Abeceb, los rubros Calzado e Indumentaria son los menos competitivos. Sin embargo, al considerar el camino hacia la sustentabilidad que la industria está tomando, estos defectos pueden parecer una oportunidad. Como explica en su blog Gabriel Farías Irribarren, profesional de la industria de la moda con 20 años de experiencia internacional, debido a una menor mano de obra, la necesidad de importar materiales y los costos de transporte, actualmente la industria textil argentina no puede competir con el resto del mercado global. Por eso, el mercado local podría empezar la adaptación hacia la moda sustentable sin perder mucho. En el país hay una gran cantidad de diseñadores textiles que buscan el desarrollo de productos sustentables, y abunda el conocimiento sobre el funcionamiento actual del marketing, las tendencias y el diseño de moda. Buenos Aires tiene uno de los mayores números de ingresantes a carreras de Diseño de Indumentaria en el mundo. Si se planifica un proyecto de actualización, y se asigna capital en nuevas tecnologías, infraestructura y capacitación, la industria textil local cuenta con todos los recursos para convertirse en una industria competitiva sustentable que ofrezca productos de calidad en el mercado local y regional.
Luciano Galfione: “los cambios en los hábitos de consumo siempre son una oportunidad especial para países emergentes y con recursos como Argentina”.
Aunque la moda sustentable es todavía un nicho en el país y en mayor parte del mundo es asociada a los sectores sociales altos, el modelo de consumo está cambiando. Es vital la educación y la información al consumidor, que tiene el derecho a conocer el origen, el proceso de producción y los materiales del producto que consume. Organizaciones como Fashion Revolution, que publica todos los años un Índice de Transparencia en el que clasifica a las principales marcas de acuerdo a la información que proveen sobre sus políticas, prácticas y procesos productivos, son claves en este fin. La sustentabilidad toma fuerza en la agenda de empresas y gobiernos, y se torna indispensable para los consumidores. Esto impulsa a la toma de medidas responsables con el medio ambiente, que guíe a la industria hacia la sustentabilidad. De a poco dejará de ser una excepción por voluntad propia, y se convertirá en requisito. Por su parte, la industria argentina debe reconocer sus limitaciones para tomar en consideración las oportunidades que la moda sustentable trae. Luciano Galfione sostiene que los cambios en los hábitos de consumo siempre son una oportunidad especial para países emergentes y con recursos como Argentina. Y aunque todavía falta para que este nuevo modelo sustentable se haga masivo, ya hay gran cantidad de empresas que aprovechan esta oportunidad para cuidar al medio ambiente, y hacer moda de por medio.
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